Lo que leemos, escuchamos o vemos también nos compone, también nos conforma. Los Cuadernos sirven para guardar esa porción de nuestra propia biografía que es el arte.

Cuaderno de un lector: para almacenar las ideas e impresiones de tus lecturas.

«Hace tiempo compré un libro atraído por su título. Supongo que el contenido de la obra, de un autor reconocido por la crítica y por el mercado editorial, no me sedujo tanto o, al menos, no dejó huella en mí, ya que tiempo después volví a comprarlo, no recordaba que ya lo tenía. En otra ocasión, fisgando en los estantes de una librería, encontré un título atractivo y lo compré, resultó ser la misma obra.»

Cuaderno de un cinéfilo: para guardar los detalles de las películas, con fichas técnicas y críticas.

«¿Cómo se llama ese actor que sale en la película aquella…? Sí, seguro que tú te acuerdas, que un chico conoce a una chica que está enferma, o quizá el enfermo es él… ¿cómo se titula?»

Cuaderno de un melómano: para tus canciones favoritas, tus apuntes y crónicas; contiene un apartado de discografía y de conciertos.

«¿Cómo se llama esa canción de…? No me acuerdo del grupo, pero es «ta-ta-ra-ta-tá». Que los vimos juntos en la sala «no sé qué», que los teloneros fueron… Sí, que nos gustó mucho a los dos y al flipado que vino con nosotros…»